Rosa Naranjo, pintora y pianista, sentía una gran admiración hacia los artistas discapacitados, visitaba las exposiciones de estos artistas y compraba sus obras. Al morir Rosa Naranjo, dejó un patrimonio artístico tan importante, que varios de sus amigos y dos hijos de ella, decidieron en el año 2010 crear una Fundación para preservar ese patrimonio y ayudar a las personas discapacitadas en su formación artística, impartiéndoles cursos de pintura.

Más tarde, en el año 2019, la Fundación aprobó unos nuevos Estatutos que la facultaban para impartir cursos de pintura y de música a personas discapacitadas y a personas de la tercera edad y asimismo facultaban a la Fundación para edificar en sus propios terrenos un nuevo Centro que permitiera todas estas nuevas actividades

“Para mí, trabajar para doña Rosa fue todo un lujo que me permitió la vida, maravillosa mujer, gran consejera, ejemplo de generosidad, inteligencia y coherencia, en fin, un ser lleno de luz y que la irradiaba a su alrededor. La añoro muchísimo”.

Amalia Sánchez, la mujer que la cuidó en los últimos años de su vida hasta su muerte.